La Historia de Leticia See This Page In English
 
 
 
 
La Historia de Leticia,
Perdida, llena de dudas, confundida y tan solita. Los problemas y las preocupaciones de la vida que yo sentía y que llevaba conmigo eran tan doloras y pesadas. Volviéndome una madre soltera no me hizo que la vida fuera más fácil vivir. Aunque fui educada siendo niña, enseñada a creer en Jesús, los cielos y el infierno, en actualidad no tenía ninguna idea de quién era Jesús o qué significaba el irse a los cielos o al infierno. Yo asumía que si yo era una persona bondadosa y generosa, que daba a los destituidos, iría a los cielos. A los cielos porque allí van todas las personas “buenas”, ¿verdad? Bueno pues, me volví tan cansada de las cargas, las congojas, y la pena del rechazo que ni siquiera mi propia hija me daba motivación para seguir viviendo. Yo estuve quebrantada.
Nunca en mi vida había sentido tan sola, tan desamada. Es cierto que tenía a mi familia y a mis amigos, pero aun así me sentía vacía. Entonces, me acordé de lo que me dijo un amigo, que la oración es simplemente una conversación entre Dios y yo. Yo nunca oré antes y no estaba muy segura cómo se hace, pero sabía en ese momento que cuando estoy quebrantada es cuando debo intentarlo. Lloré y conté a Dios todo. Todas las cosas que hice estando en el pecado, todas mis fallas; el dolor y el vacío…Inmediatamente, sentí su presencia venir sobre mí con un sentimiento de paz, un amor que nunca conocí antes. Tuve un buen sentimiento dentro de mi corazón. Me estaba sanando y perdonando. Todo lo que buscaba en las personas alrededor de mí, todo lo que necesitaba para vivir mi vida, en todo este tiempo todo estaba en Jesús. La gracia de Dios, su misericordia, su amor y su paz fueron más que suficientes para mí.
Nunca en mi vida había sentido tan viva. Sentí como si los problemas y las preocupaciones que sentía y que llevaba sobre mí desaparecieron. Más que todo, yo sentía amada, como si alguien se preocupaba de mí y esa persona fue Jesús. Mi vida no ha sido la misma desde el día que yo acepté a Jesús como el Creador y mi Señor, Padre y Salvador. Se me están abriendo las puertas, mi corazón fue sanada y mis relaciones están siendo restauradas. Tengo fuerza para seguir viviendo. Tengo un propósito de vivir. Nunca jamás tendré que caminar el día a solas. Dios está conmigo, en cada aliento, cada paso, y cada palabra. Por causa de Él, yo todavía estoy aquí.
Dios me los bendiga,
Leticia
San Diego, CA.